Reconocimiento fotográfico y la transferencia inconsciente

Reconocimiento fotográfico y la transferencia inconsciente
2 and 5
Portada » Blog » Abogado experto en derecho penal » Reconocimiento fotográfico y la transferencia inconsciente

 

Desde VITIUM Barcelona ahondan en el día de hoy en los aspectos básicos del reconocimiento fotográfico y la transferencia inconsciente.

El reconocimiento fotográfico

Las diligencias de investigación practicadas deben ser declaradas nulas cuando hayan sido practicadas vulnerando derechos fundamentales, sin las garantías propias de un estado de derecho.

Y es que el reconocimiento fotográfico es una diligencia de investigación que ha de ser minuciosamente practicada.

El TC 340/2005, de 2012, precisa que el reconocimiento fotográfico no pasa de ser un medio válido de investigación policial. Y que es posible que se produzcan situaciones en las que la prueba practicada en el juicio oral pueda estar condicionada por la irregularidad del reconocimiento fotográfico en su día realizado, situaciones de las que se ha admitido “la posibilidad de que el resultado de la identificación fotográfica sea llevada a juicio a través de otros medios de prueba (en el caso, la declaración testifical de la víctima del delito) que sean sometidos a los principios de inmediación y contradicción”. Sin embargo -sigue diciendo- esta posibilidad la hemos calificado de “excepcional” y, como tal, no es ni puede ser incondicional, desde el momento en que la prueba practicada en el juicio oral no tiene un contenido incriminatorio propio, si no por razón al reconocimiento fotográfico, “se hace imprescindible que éste se haya realizado en condiciones tales que descarten por completo la eventual influencia de los funcionarios policiales sobre la persona que ha de realizar la identificación”.

Tribunal Supremo

En tal sentido, viene requiriéndose por EDJ 2012/66920 STS Sala 2ª de 28 marzo 2012, que:

a) la diligencia se lleva a cabo en las dependencias policiales, bajo la responsabilidad de los funcionarios, instructor y secretario, encargados del atestado, que fielmente habrán de documentarle.

b) se realice mediante la exhibición de un mínimo lo más plural posible de clichés fotográficos, integrado por fisonomías que, al menos algunas de ellas, guarden entre sí ciertas semejanzas en sus características físicas (sexo, edad aproximada, raza, etc…) coincidentes con las ofrecidas inicialmente en sus primeras declaraciones, por quien procede a la identificación.

c) Asimismo que, de ser varias las personas convocadas a identificar, su intervención se produzca independientemente unas u otras, con la necesaria incomunicación entre las, con la lógica finalidad de evitar recíprocas influencias y avalar la apariencia de “aviento” que supondría una posible coincidencia en la identificación por separado. Incluso en este sentido, para evitar más aún posibles interferencias, resulta aconsejable alterar el orden de exhibición de los fotogramas para cada una de esas intervenciones.

d) Por supuesto que quedarán gravemente viciada la diligencia si los funcionarios policiales dirigen a las participantes en la identificación cualquier sugerencia o indicación por leve os sutil que fuera, acerca de la posibilidad de cualquiera de las identidades de los fotografiados.

d) Y, finalmente, de nuevo para evitar toda clase de dudas sobrevenidas, la documentación de la diligencia deberá incorporar al estado la página del álbum exhibido donde se encuentra la fisonomía del identificado con la firma sobre esa imagen, del declarante, así como cuantas manifestaciones de interés (certezas, dudas, reservas, ampliación de datos, etc…) este haya podido expresar al tiempo de llevar a cabo la identificación.

La transferencia inconsciente

Todo ello en definitiva abunda en la probabilidad de que los testigos de cargo sufrieran el proceso descrito en la Psicología del testimonio, como de “transferencia inconsciente”, o familiaridad o compromiso con la primera identificación, cuestión respecto de la que se ha ocupado en otras resoluciones este mismo Tribunal (Sentencias 19.03.09 EDJ 2009/89754, 17.12.2008 EDJ 2008/352302, 17.12.2007 EDJ 2007/367722 entre otras).

Aunque es perfectamente legal la previa exhibición de fotografías como método de investigación preprocesal, que no como prueba, no podemos tampoco dejar de reseñar la posible incidencia que dicho método ha de tener necesariamente en los testigos y su participación en la verdadera rueda, por lo que no es descartable la tendencia de la víctima a volver a identificar a quien ya señaló en la fotografía y cuya imagen se ha podido superponer a la del autor por el fenómeno de la “transferencia inconsciente” a que hemos hecho referencia.

A su vez, esa identificación fotográfica previa sin garantías cognitivas suficientes y comprobables se constituye en una nueva causa probable de transferencia inconsciente en el reconocimiento en rueda efectuado por las víctimas pocos días después, en cuyo acto la imagen de la persona primeramente identificada en fotografía fácilmente pudo superponerse en la memoria de los testigos a la del auténtico autor fugazmente visto, desplazando a ésta; puesto que también se ha demostrado empíricamente, ya desde 1980, que es posible producir ese efecto de transferencia exponiendo al testigo fotografías de distintas personas antes de la identificación en rueda.

Efecto perturbador e identificación fotográfica

Debe, por otra parte apuntarse, que el efecto perturbador que puede tener la primera identificación fotográfica del acusado en la memoria de las víctimas y en su comportamiento ulterior en el proceso no queda descartado en lo más mínimo por el hecho de que unos días después de esa primera diligencia la Policía exhiba a los testigos fotografías del investigado. Y ello porque en el mismo estudio empírico al que acabamos de aludir se demuestra que, si en un primer momento se identifica como autor del delito a una persona inocente, en los subsiguientes reconocimientos es mucho más probable que el testigo señale a esa misma persona incorrectamente identificada y no al verdadero culpable, fenómeno que a nuestro juicio, al menos en los casos reales de la experiencia forense, debe tanto al mentado proceso de transferencia inconsciente como a la necesidad del testigo, de reafirmar su seguridad.

Los mecanismos psíquicos de transferencia inconsciente y de reafirmación en la identificación errónea a que acabamos de aludir no constituyen únicamente un tópico de la psicología del testimonio, sino que se han incorporado también, como reglas de la crítica probatoria, a la jurisprudencia de los distintos países. Ya en 1968, el Tribunal Supremo de los Estados Unidos previno de que “Un testigo puede haber tenido sólo un breve vislumbre del delincuente, o puede haberlo visto en pobres condiciones de observación.

Incluso si la policía sigue a continuación los procedimientos de identificación fotográfica más correctos (…) existe cierto peligro de que el testigo pueda efectuar una identificación errónea. (…) Con independencia de cómo se llevara a cabo la inicial identificación errónea, el testigo, de ahí en adelante, estará predispuesto a retener en su memoria la imagen de la fotografía más que la de la persona realmente vista, reduciendo la fiabilidad de los subsiguientes reconocimientos en rueda o en la vista” (Simmons v. U.S. 390 US 377, 383-384). Y de estos peligros se hace también eco la sentencia del Tribunal Supremo español de 24 de junio de 1991 EDJ 1991/6752 cuando advierte en su fundamento tercero que “existe el grave peligro de que la persona que en la primera ocasión reconoció mal (…) siga reconociendo, no al partícipe del hecho criminal, sino al que ya fue defectuosamente identificado”, lo que debe llevar a una prudente valoración de ese reconocimiento en rueda.

A modo de ejemplo

Reproducimos ahora un Fragmento extractado del libro Manzanero, A.L. (2010). Memoria de testigos: Obtención y valoración de la prueba testifical. Ed. Pirámide (2010). Cuando en un suceso participan varias personas se corre el riesgo de que, en ausencia de alguno de los autores del suceso en la rueda de identificación, el testigo reconozca equivocadamente como autor del suceso a un espectador. Loftus (1976) encontró en un estudio que en los sucesos en los que además de los agresores estaban presentes espectadores, cuando el agresor no estaba presente en la rueda los testigos identificaban equivocadamente a un espectador como el autor del delito un 60% de las veces. Así, no solo dificulta la identificación el número de agresores presentes en el suceso, sino que incluso es posible que el autor del delito pueda ser confundido con cualquier otra persona presente en el suceso aunque ajena a los acontecimientos.

Hace unos años, Donald Thomson, que trabaja en el campo de la memoria de los testigos, fue invitado a un programa en directo de televisión para hablar acerca de las memorias de los testigos y las identificaciones. Unos días después la policía se presentó en su casa para arrestarle como principal sospechoso de una violación. La víctima le había identificado en una rueda fotográfica en comisaría. Afortunadamente para Thomson, la agresión se había producido a la misma hora en que él estaba en televisión y pudo demostrar su inocencia.

Este tipo de errores se debe fundamentalmente a un reconocimiento basado más en la familiaridad de las personas que en su identificación. El reconocimiento por familiaridad implica que la persona a reconocer no se ha contextualizado como vista previamente en un tiempo y lugar determinados. La contextualización errónea de una persona en el lugar de los hechos, cuando no tiene ninguna relación con el suceso, produciría el falso reconocimiento. Este efecto se denomina transferencia inconsciente debido a que la cara de una persona sería transferida de un contexto a otro (Brown, Deffenbacher y Sturgill, 1977; Dysart, Lindsay, Hammond y Dupuis, 2001; Loftus, 1976; Perfect y Harris, 2003; Read, Tollestrup, Hammersley, McFadzen y Christensen, 1990; Ross, Ceci, Dunning y Toglia, 1994). Existen dos hipótesis principales sobre este efecto: a) se trataría de un problema de codificación, o b) es un problema en la discriminación del origen de la información y por tanto de recuperación.

En el primer caso se produciría debido a que la presencia de las dos personas (autor del delito y falso acusado) se habrían presentado en el mismo contexto y en el proceso de codificación de la huella de memoria se habría generado una memoria mezcla donde uno quedaría asociado a las acciones del otro. En el segundo caso, durante el proceso de recuperación se produciría un fenómeno de interferencia debido a un efecto de solapamiento, que llevaría a una discriminación errónea del origen de la información. La familiaridad del falso acusado sería interpretada erróneamente como indicador de que correspondía a la persona buscada.

¿Por qué Thomson fue identificado por la víctima como el autor de las agresiones? En primer lugar su cara resultaba familiar, y además fue vista al mismo tiempo y en el mismo lugar en que se produjo la violación, ya que la víctima fue asaltada cuando veía en televisión el programa en que Thomson aparecía. La información contextual y la familiaridad de la cara le llevaron a identificarle erróneamente como el autor de la agresión.

Conclusión

Así pues, la policía nacional ha de tener cuidado de no cometer el clásico error de previo al reconocimiento en rueda, ofrecer al testigo la fotografía aislada del investigado, pues le está induciendo a errar en su reconocimiento como hemos visto.

Le invitamos a ver este documental, si quiere saber más sobre cómo funciona nuestro cerebro en relación con su capacidad de recordar como testigo, sucesos que ha presenciado.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Contacta con nosotros