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Nuestros compa√Īeros y expertos en derecho penal analizan en profundidad el delito de coacciones.

Definiendo el delito de coacciones

Conforme ense√Īa el Tribunal Supremo (por todas, en su sentencia de fecha 27 de diciembre de 2.013), el delito de coacciones consiste en compeler, imponer o constre√Īir a otro para que lleve a cabo una conducta que no desee, sea justa o injusta, o impedirle la realizaci√≥n de los actos que quiere ejecutar, por medio de la violencia (sea √©sta sobre las personas o sobre las cosas, sea f√≠sica o ps√≠quica, sea directa o indirecta), siendo que la intensidad de la acci√≥n t√≠pica es la que habr√° de servir para discriminar entre las coacciones graves y las leves (a cuyo fin deber√° atenderse a la intensidad de la violencia y a la repercusi√≥n o incidencia en la libertad de decisi√≥n del sujeto pasivo).

No equivale lo anterior, sin embargo, a que cualquier conducta desplegada con el propósito de influir o presionar sobre la decisión de un tercero deba reputarse, en cualquier caso y sin más consideraciones, como constitutiva de un ilícito penal de coacciones (graves o leves). Resulta preciso para ello que el medio empleado para ese fin pueda calificarse como violento.

Recapitulando, nuestro TS (por todas en su sentencia de fecha 12 de julio de 2.012) viene a determinar que para la configuración del delito de coacciones es necesario:

1¬ļ) Una conducta violenta de contenido material vis f√≠sica, o intimidativa vis compulsiva, ejercida contra el sujeto o sujetos pasivos del delito, bien de modo directo o indirecto a trav√©s de cosas, e incluso de terceras personas;

2¬ļ) Cuyo modus operandi va encaminado como resultado a impedir hacer lo que la ley no proh√≠be o efectuar lo que no se quiera, sea justo o injusto;

3¬ļ) Cuya conducta ha de tener la intensidad de violencia necesaria para ser delito, pues de carecer de tal intensidad podr√≠a constituir falta ( art. 620 C.P);

4¬ļ) Que exista el √°nimo tendencial consistente en un deseo de restringir la libertad ajena como se deriva de los verbos “impedir” y “compeler”; y

5¬ļ) Una ilicitud del acto, examinado desde la normativa de la convivencia social y la jur√≠dica que preside o debe regular la actividad del agente (tambi√©n SSTS 1382/1999, de 29 de septiembre; 1893/2001, de 23 de octubre; y 868/2001, de 18 de mayo).

"El padrino", un ejemplo de coaccionador

Actuación dolosa

Por √ļltimo, es necesaria una actuaci√≥n dolosa, que debe abarcar la utilizaci√≥n de la violencia en cualquiera de sus formas como instrumento para imponer la voluntad del sujeto activo sobre la libertad de la v√≠ctima para someterla a los deseos o voluntad propia ( SSTS de 11 de marzo de 1999 √≥ de 3 de julio de 2006). En el presente caso no s√≥lo no hay violencia, sino que expresamente ha sido descartada por la propia denunciante que afirma el denunciado es especialmente educado, y lo mas negativo que le ha dicho ha sido ‚Äúego√≠sta‚ÄĚ y ‚Äúmala madre‚ÄĚ. Quiz√°s para el juzgador, estas dos expresiones constituyen el delito de coacciones, pero ni lo dice, ni lo compartir√≠amos.

Tratándose el ilícito de las coacciones de un delito que lesiona la libertad de determinarse y de obrar de una persona, para la apreciación de su comisión se requiere que la conducta del sujeto activo este inspirada o guiada por un dolo especifico (ánimo tendencial o intenso) de atentar contra la libertad de obrar del ofendido como se deriva de los verbos impedir y compeler (S.25-5-82 y 11/3/99).

Como refiere la SAP de Sevilla, sec.4¬™ de 20 de diciembre de 2.011 “.es pac√≠fica la Jurisprudencia que viene poniendo el acento en la necesidad de ese dolo espec√≠fico de atentar a la libertad de obrar de otra persona, priv√°ndola de su libre determinaci√≥n y venciendo f√≠sica o moralmente su voluntad; esa y no otra ha de ser precisamente la l√≠nea divisoria no ya s√≥lo con figuras afines sino tambi√©n con comportamientos at√≠picos, y ya esta misma Sala ha advertido en numerosas resoluciones (valga, por todas, la sentencia 147/09, de 5 de marzo, y las que all√≠ se mencionan) del riesgo de convertir el delito de coacciones en una especie de “caj√≥n de sastre” en el que quepan cualesquiera otras conductas dif√≠ciles de encajar en tipos pr√≥ximos e incluso afines so pretexto de que pr√°cticamente todas las figuras delictivas acaban cercenando, de una u otra manera y en sus t√©rminos m√°s generales, la libertad ajena‚ÄĚ.

Tampoco en otras partes de la sentencia se muestra una consideraci√≥n sobre tal elemento finalista, pues solo se afirma que el acusado “obr√≥ con la intenci√≥n de crear una situaci√≥n de desasosiego e intranquilidad en la v√≠ctima”, pero no se indica que la intenci√≥n o direcci√≥n del acusado fuera que su ex pareja forzara su voluntad y se viera constre√Īida a seguir con √©l.


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